Preguntas caps locas

Los usuarios de autobuses ya no estamos para pendejadas. 
En el inconsciente colectivo las tarjetas magnéticas le sacaron el laburo a los chanchos. 
¡Qué loco! 
¡¿Que lodo?! 
Ése en el que porcino que se duerme es panceta.  
Que donde más sirve es en los desayunos americanos. Sujeto tácito la panceta.
De la del norte. Sujeto tácito la América. 
¡Que temor! 
¿Que tenor? 
¿¡Que norte!? 
¡Maldito autocorrector!
¡Matilda dislexia!
Bueno, volviendo al norte. 
¿Qué norte? 
Ése en el que pepino que se duerme es pickle.
Ése en el que a Shakira que se mueve es Piqué.
No tengo idea donde está el norte señor. 
Pero gracias por preguntar.
Siempre viene bien ésa gente que nos hace preguntas que nunca nos hicimos. 
¡Que gente copada! 
Mi más preferida de todas esas preguntas es “¿y por qué?” 
Ésa te la puede hacer hasta un niño y dejarte regulando. 
Con hacerte solo ésa eh…”¿y por qué?”.
Mi psicóloga apela bastante a este tan infantil como poderoso recurso. “¿y por qué? ¿Y por qué?”
Ya no estamos para pendejadas, doctora.  
O bueno, si. 
Ojo, no confundir con el “¿y por qué tal cosa?”. 
El “¿y por qué?” que te hace otro ser humano que no seas vos, es una pregunta que nunca te la haces a vos mismo.
¿Y por qué? 
¡Porque si! Es la respuesta que uno le daría a un niño.
Pero seamos sinceros, ésa es la fácil.  
Cuando tenemos que responder a ése “¿y por qué?”, significa que la tenemos que guitarrear.
Porque como es una pregunta que nunca te hiciste no la tenés ni ensayada. 
Es todo un desafío. 
Lo mismo que con el “¿por qué no?” 
Ésa es otra de mis preferidas, ésas preguntas que le mojan bien la orejita al ego. 
Bueno, me voy al frasco de mi rutina laboral. 
¿Y por qué? 
La respuesta, en el próximo capítulo.
¡Masca pitulos!

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