Manual de supervivencia urbana

Hoy me propuse un súper desafío: Irme a trabajar sin mochila.
Tupper no tenia que llevar (es viernes y se pide comida comprada).
En bici no iba a ir porque llovía (la mochila para nosotros los ciclistas es bastante imprescindible muchas veces).
No tenía que llevar anteojos negros por el mismo motivo que no iba a ir en bici.

Así que concluí en que no la necesitaba. Solo tenía que llevar:
– Paraguas
– Billetera
– Celular
– Auriculares (los auriculares para nosotros los melómanos son bastante imprescindibles muchas veces). Es más, son vitales.
Como Lito?
Si, Manolito.
Lo único que necesitaba era una campera con suficientes bolsillos como para llevar llaves, celular, billetera y nada más.
Paraguas de bolsillo? No, la lluvia que cae es importante, hay que salir con un paraguas importante también.
Me fui con lo puesto, pues.

Espero el colectivo abajo de un techito de la casa de la esquina. Problemas pequeños de ciudades pequeñas, no hay garitas. Tengo frio y miedo.
Debe ser efecto de sacarse la mochila. Pero sólo es al principio, no te asustes, tiene remedio. Con el tiempo le vas agarrando la mano.

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

Lo dice la Biblia, Hebreos 12:11

No es conveniente hablar en primeras citas ni de religión, ni de política ni de fútbol.

Coincido.
Pido perdón por el fault, la culpa del default es del Macrigato.
Está el Triunvirato, el Virreinato y el Macrigato.
Ups, ahora sí me fui por completo de las normas de conveniencia para primeras citas. Esto me pasa por andar sin mochila.
Yo conozco poco los protocolos
Sólo conozco ocho:
Soso
Solo
Poco
Tosco
Sonso
Osco
Ñoño
Flojo

Y Loco?

No, ése no conoce ni el significado de la palabra.

Ah, hablando de auriculares…
Al final del trayecto del colectivo, me di cuenta que nunca había puesto música porque me distraje escribiendo ésto.
Tacho vital.
Las bocacalles inundadas, y yo sin una mochila donde poner unas patas de rana, una canoa inflable y unos remos. Menos mal que los desafíos me los tomo muy en serio.
¡Caminaré hasta donde sea para cruzar por algún lugar razonablemente menos anegado!
Ya estuve en Venecia, en Brujas y Ámsterdam, ésto es moco de pavo para un viajero experimentado.
Me sentía un bailarín de ballet saltando los cordones inundados. O mary poppins con el paraguas.
Me vendría mejor el papel del pingüino en éstos momentos.
O el de la rana del videojuego, esquivando paraguas y autos que se olvidan de las leyes de la física y pasan rápido.
Gajes del anfibio.
Aunque después de todo…es solo agua, tampoco es tan grave.
Mi objetivo a éstas alturas era mojarme lo menos posible. No estaba resignado, pero había bajado un poco mi nivel de exigencia.
Me mojé hasta los tobillos. Literalmente.
Cuando llegué, me saqué zapatillas, escurrí las medias y me quedé en patas.
Parecía un bucanero con las botamangas arremangadas y descalzo.
“Me encanta la actitud”, me dijo una compañera cuando me vió.
“Te re banco” me dijo un compañero.
Valio la pena venir sin mochila, aun en la fuerte tormenta.

Oh sole mio…….!!!!!

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