Las heladeras andan diciendo

Es la era de los artefactos inteligentes. Hay televisores inteligentes, teléfonos inteligentes, autos inteligentes, y últimamente también hay heladeras inteligentes.

Y las heladeras andan diciendo…

Que filosofamos ante sus puertas. Que su luz puede cegar nuestra memoria con solo abrirlas.

Porque, seamos sinceros. Ante las puertas del refrigerador, la pregunta que todos nos hacemos es:

¿Qué vine a hacer yo acá?

Éstos fríos armarios domésticos andan diciendo que en su interior dejamos en el olvido frascos de conservas.

Y el solitario escabeche de las berenjenas resulta rehén del monstruo polar que el ineficaz burlete ha permitido gestar.

Que no quieren jugar más al juego de dos limones medio limón un limón. Quieren la limonada.

De actitud conservadora, no saben cuánto tiempo más soportaran vestir minifaldas de imán, por más atractivas que resulten.

Asimismo, se manifiestan cansadas de ser agenda de delivery, mientras la rúcula y la lechuga se marchitan en los cajones de la cómoda tentación de marcar un número para pedir comida rápida.

Están demostrando baja tolerancia a ser el apoyo de la planificación semanal, escolar y familiar, hasta de la lista de lo que hay que comprar.

Por todo esto es que carezco de un grado importante de confianza en la conveniencia de tener una heladera inteligente.

En realidad no sé si todas las heladeras andan diciendo eso. Lo que puedo asegurar es que la mía lo dice.

¿Y la tuya qué dice?

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