Hormonales Primaveras

Hoy, en el día de la primavera, y recordando mi adolescencia voy a hablar acerca de la friendzone.
Ese terreno tan temido por el que todos los mortales hemos transitado.
Esa zona que tenés que haber experimentado en carne propia para saber qué se siente.
Y lo peor de todo es que en el momento no sabes con claridad qué se siente.
Corrijo, lo sabes, pero no sos capaz de identificar cada uno de los distintos e intrincados sentimientos que tu recién estrenada adolescencia atraviesa.
O al menos yo no lo supe en su debido momento, y tuvieron que transcurrir veintipico de años para que haya sido capaz de identificarlos y aquí menciono sólo algunos:
Frustracion, impotencia, rabia, edaddelpavismo, delirios y convulsiones, entre otros.

En mi adolescencia tuve una amiguita.
De esas que con el superavit hormonal que llevas encima, le das hasta que bolivia tenga salida al mar.
De las que te vuelven loco. Loco en el sentido que te marean, te dan vuelta como una tortilla, te tienen en la palma de su mano.
De las que cada palabra que sale de su boca es un acertijo indescifrable, un desafío inalcanzable.
De las que cuando vos apenas te animaste a demostrar cierto grado de interés, ella ya estaba enterada de todo, fué, volvió, y se aburrió de esperarte. (En mis épocas las chicas esperaban a que el varón tome la iniciativa, dicen que ahora la cosa es bastante diferente)

He transitado por unos cuantos niveles, a saber:
Principiante: “Yo te aprecio un montón…pero como amigo”.
Premio nobel de humillación: “Tengo una amiga para presentarte”.
Virgo forever: Dormir con ella y no tocarle ni un pelo.
Aceite de oliva extra virgen: Ir a su cumpleaños regalado en bandeja con moño y todo, estando presente su novio.

Cuando llegaba la primavera, que encima coincidía con su cumpleaños, con los primeros días de sol, y el tsunami de testosterona que llevaba encima, era vivir en una nube de pedos literal. Corrijo, siempre fuí medio de volar, pero esos días salía de la estratosfera.

Con los años aprendí que la friendzone es una zona en la que uno inconscientemente decide encallar.
Sea por miedo, por falta de actitud, inexperiencia, lo que sea. Uno elige quedarse ahí.
Es por eso que después de tantos años no te guardo rencor, Roberto.1


1. Para proteger la identidad de las personas involucradas, el autor ha decidido alterar deliberada y ligeramente los nombres reales.

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