El pintor ¿Qué pintor?

Si hay algo desesperante a enfrentar para la clase de gente tan ansiosa como yo es el tener que pintar.
Sí, pintar.
Pero no un cuadro.
Sino una pared.
Una triste y aburrida pared.

Acto que requiere de mucha paciencia.
Y precisión.
Ambas virtudes de las que adolezco.
Al menos para ésta clase de actividades. Puedo ser paciente y preciso para otras cosas, como por ejemplo tocar la guitarra.
Bueno, no. Tampoco.

La media vieja mojada, destinada a limpiar las gotas que por algún descuido terminaron en circunscripciones no apropiadas, resulta que esparce más la mancha en vez de exterminarla.

Además, es algo que quiero que se termine cuanto antes.
Agonizo ante cada recarga de rodillo.
Agonizo al recordar que he olvidado recurrir al recurso de enmascarar con la cinta de papel aquellas superficies que no quiero pincelar.
Desconfío del empleado de la pinturería que me dijo que un litro era suficiente. Ésto no va a alcanzar.
La estimación precisa del volumen de pintura a utilizar es un secreto que Dios jamás estará dispuesto a revelar.
Y lo peor que puede llegar a pasar no es que no alcance y tener que volver a comprar.
Y lo peor que puede llegar a pasar es dejarlo sin terminar y tener que a volver a tomar coraje para arrancar.

Se agrava pintar una fachada
Alta, con viento. La estabilidad de la escalera en la vereda es por demás dudosa
La gente se cruza de acera cuando se acerca, ¿debería haber vallado con una cerca?
¿Salpicarán demasiado las cerdas?
¿Tan poca confianza les inspiraré?
El subirme a una escalera alta, con un palo y un rodillo que flamean y desestabilizan constituye todo un acto de valentía de mi parte.

Para las personas de clase media baja como yo…
Quiero decir, media baja en niveles de autoconfianza.
Para las personas de clase media baja como yo, existe el constante mensaje subyacente interior de “no vas a poder con esto”, “te va a quedar como el orto” y todos sus derivados, que hace que me ponga más ansioso e impaciente.
El secreto al que pocas veces recuerdo recurrir es… Divertirse, calmarse, jugar, hacerme el Picasso. Que esto también pasará. Y que cuando vea el trabajo terminado me voy a asombrar de mí mismo. Disfrutar de la música que suena.
O silbar, a la vieja usanza.
¿O alguien vió alguna persona silbando triste?

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