Conservas low cost

Noche húmeda. Mucho calor. Muchas cotorritas merodeando alrededor.
Y no, no había necesidad de comprar el atún más barato al cual venía resistiendo la tentación, hasta que el hereje fin de mes me lo hizo considerar necesario.
No había necesidad. Puedo afirmarlo después de la primer cucharada del Lunes. A la cena más barata que se me ocurrió preparar porque prioricé el comprar cerveza con lo poco que me queda hasta cobrar.
¡Cuán poca dignidad cuantificada en una lata de atún!
Encima es feo, no se puede ni comer. Lo sé, hay gente que daría lo que fuese por esa lata de atún. Y mucho menos a caballa regalada.
Voy a tener que cambiar de plan, eso está incomible.
Solo queda un puñado de arroz en la alacena. Y ya con lo que acabo de probar se me fueron las ganas de arroz.
Será por eso que a uno cuando se casa le tiran arroz? Para dejar atrás tiempos de comida desabrida?
En realidad decidí hacer éste plato, no solo por lo barato, sino porque con el excesivo calor el cuerpo me pedía algún plato frio. Tenía una pre pizza pero no consideraba bajo ningún concepto prender el horno.
Le doy una segunda oportunidad al arroz. No hay caso.
Voy a tener que cenar sonrisas.

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