Barbies y avispas

La paternidad muchas veces reviste grandes responsabilidades y desafíos.
Por ejemplo hoy en casa tuve un muy serio inconveniente.
Mi hija (4 años) no podía desvestir una Barbie.
El problema es que yo tampoco fui capaz.
El primer remedio que me vino a la cabeza fue: “Sacale la cabeza y los brazos”
Pero inmediatamente razoné, y me pareció una medida bastante cruel para adoptar con mi hija. La nena no se vuelve a encastrar.
De todos modos ésta Barbie tampoco era de las que se podían volver a encastrar. Ahí radicaba la dificultad para sacarle la ropa.
Como poder podía….pero el juguete resultante iba a distar ligeramente del original. No quería mutilar al pobre juguete. Pero tampoco quería que a mi hija se le venga abajo un héroe.
Héroe que justo hoy más temprano había logrado afrontar su fobia a las abejas y avispas. Fobia…tampoco es que me dan convulsiones cuando estoy en cercanía de una de ellas. Pero trato de evitarlas.
En la mocheta de la ventana de mi habitación se había instalado un panal de avispas, que justamente derribé a golpe de escobazos, en presencia de mis hijas.
¡Y ahora viene una muñeca china con unas imperiosas ganas de conservar todas sus extremidades y partes vitales a tratar de destronar mi título heroico!
¡Qué poco me duró el título!
No me arrepiento de en mi infancia haber hecho enfiestar las Barbies de mi hermana con mis muñequitos de He-Man. Malditas muñecas perras traicioneras.
Después me reivindiqué. Le arreglé una luz trasera al auto de las Barbies.
Todo tiene arreglo.
Menos una Barbie china descuartizada.

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