Arrollados pensamientos que desarrollados resultan arrolladores

¡Qué delgada línea que hay entre el “todo llega cuando tiene que llegar” y quedarse sentado a esperar a que lleguen!
¿Qué es lo que marca ésa diferencia?
¡Afortunados seríamos, si tuviéramos la receta para encontrar ése punto nieve!
Mientras pienso qué más puedo decir al respecto me voy por las ramas y las claras de hueco.
Las claras de fuego.
¡LAS CLARAS DEL HUEVO!
¡Pito predictivo!
¡PUTO…!
¡..el que lee!
El que escribe…
…y el que suscribe.

El que lee, el que escribe y el que suscribe, al instante de la creación del presente documento se tratan de la misma persona.
Ambos tres siguen sin saber qué decir al respecto de la delgada línea de la que hablaban al principio.
Ojo, capaz que como saber lo saben, son seres ya experimentados.
Lo que suele ser más difícil es encontrar ésa información en las profundidades del subconsciente, y después ponerla en palabras de modo comprensible a fin de que la comunicación de las tres personas anteriormente citadas que ya aclaramos que somos la misma sea efectiva.
Podes tomar aire. No te puse comas, lo sé.
Lo que no sé si es comunicacionalmente eficaz.

Otra línea delgada que se me ocurre, digo como para agregar, es la que existe entre ser prejuicioso y ser cerrado.
Cerciorado.
Delgadísima.
Todo muy lindo pero sigo rellenando con palabras mientras busco la receta de las claras a punto de nieve.
Eso es porque estaba quieto.
Ahora, la bici tiene otra dinámica.
Si me trabo con algo, sigo pedaleando. ¿¡Cicloterapia!?
Pedaleo por una calle con pendiente. Es una calle más bien parabólica, sube y después baja. Me chumban unos perros y me empiezan a correr.
No me importó en absoluto. No alteré mi marcha. Estaba en la cresta de la ola. En la cima de la calle. (Así cualquiera)
Ni siquiera era necesario pedalear más, porque ya estaba agarrando la velocidad de la bajada.

Perdí el hilo. A veces es necesario enroscarse para desarrollar el hilo.
Otro hilo delgado es el que existe entre ser auténtico y ubicarse. Creo que ahí la llave es preguntarse o preguntarle al prójimo: “¿Algo de lo que hice por ser auténtico te ofendió o te trajo algún tipo de sentimiento negativo? Disculpame”
Ahora, ¿y si ese sentimiento negativo del otro es en realidad consecuencia de un prejuicio, una actitud mental cerrada; o de creer que todo llega porque tiene que llegar; o porque uno se queda sentado a esperar que las cosas sucedan? (Voy aprendiendo, te puse más comas)
Hagamos que las cosas sucedan. Si no se suceden a nuestros actos, es porque no era el momento. Abramos nuestra mente, liberémonos de prejuicios. Dejemos de hacernos los ofendidos porque las personas auténticas no NOS hacen nada.
Acá el peligroso es el hipócrita, no el auténtico.
A no ser que sea un auténtico hipócrita.

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